
Había perdido la pista al Gran Wyoming hacía tiempo, cuando abandonó aquel programa, que volvería a recuperarse tiempo después de la mano de Manel Fuentes y Arturo Valls: “Caiga Quien Caiga”. Hoy día el antaño presentador de aquel divertido programa se encuentra en La Sexta, al frente de un espacio que, para ser completamente honesto, no he visto nunca íntegramente, a excepción de alguna que otra pasada mientras alguien realizaba ese ejercicio frenético y desalmado llamado zapping.
El otro día, navegando por Internet, encontré una noticia que rezaba así: “El video de la becario de Wyoming era falso”. Acudió al instante a mi cabeza el inolvidable Bill Clinton, y su lío con la famosa becaria Monica Lewinsky. Y con pocas esperanzas de que se tratase de un video guarro, pero con cierta curiosidad, me decidí a verlo.
En él, desde una cámara poco profesional, para lo que es un programa de televisión, además de encontrarse en un ángulo poco propicio para su emisión, se podía ver a Wyoming ensayando cuando una becaria le interrumpía para notificarle un cambio de guión. La reacción de este podemos calificarla de “desproporcionada”, insultando y humillando a la pobre chica, incluso instándole a que no se fuese, debido a que “le estaba hablando a ella”. Una actitud bastante agresiva y acompañada de los intentos de otros colaboradores por frenar el torrente de improperios y faltas del famoso personaje sobre la mujer.
La primicia era retransmitida por un programa llamado “más se perdió en Cuba”, con intención de dejar en mal lugar al presentador de La Sexta. Pero Wyoming estaba preparado para ello, no le llaman el grande por su tamaño (creo). Cuando el enemigo atacó, la previsible acción evasiva desveló el contenido del pastel, y Wyoming ofreció los hechos tal y cómo habían sucedido, ya que todo se trataba de un ensayo, malintencionado si se quiere, un cebo, un caballo de Troya introducido en las filas “enemigas”. Al final del video, la becaria retornaba al plano con un cartel, y Wyoming sostenía otro, dejando claro a los instigadores y a sus espectadores, que la presa “había picado”.
Debo reconocer que en cuanto a estrategia comunicativa de guerra, o de confrontación, la acción roza lo soberbio, pero, y esto debería preocuparnos, resultaba bastante plausible que el presunto cazador fuese cazado. Hoy día el periodismo, por adjuntar una palabra conocida por toda la sociedad a lo que vemos en la televisión, ha perdido gran parte de su significado, y la profesión se encuentra viciada. Las noticias que leemos, que oímos, que vemos, ya no son comprobadas. Las fuentes de información han caído en una especie de suerte maquiavélica que responden sólo a nuestros intereses. O lo que viene a ser lo mismo, los medios se lo tragan todo si eso les conviene.
La verificación de los hechos resulta uno de los puntos más importante de la profesión de informador, sin ella se pierde la veracidad y el sentido de ser con el cual nació esta profesión, sin ella nadie nos puede ofrecer información, tan sólo conjeturas presentadas bajo el brazo de unos medios que han caído en la cómoda rutina de simples manipuladores de la verdad que más le conviene vender. Bien sea por motivos económicos, por legitimarse, por deslegitimar a terceros o por el simple hecho de rellenar un espacio vacío, el frenetismo que rodea las labores periodísticas ha propiciado el olvido de unas bases que nunca fueron cuestionadas racionalmente, tan sólo ignoradas por que no eran compatibles con los nuevos formatos modernos.
Wyoming ha vencido la guerra contra sus detractores. Ha ensuciado su rostro para despistarlos y les ha enviado una foto de él mismo maquillado. Demasiada tentación para quienes te odian. Estos han perdido la legitimidad que estar en un medio de difusión les proporciona sólo por estar allí, y bastante gente se ha reído de ellos. Pero, al margen de que nos hayamos reído un rato, caigamos en la cuenta de la necesidad mediática, social, incluso política, que tenemos de reinventar una profesión que tantas veces ha demostrado ser capaz de dar y de quitar a la sociedad.

1 comentario:
No me escandilazaría demasiado porque en Intereconomía no haya gente a la altura de las circunstancias. Además, no hay porqué hacerlo: el periodismo murió hace años. Lo de ahora es mucho más divertido, moderno y fidedigno. ¿Has visto ese reallity de A3 que tenía entre los concursantes a un tipo que mató a sus padres cuando tenía quince años?. Joder, contra eso no hay quien compita.
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