Nadie ni nada resguarda tan bien como lo hace la oscuridad. En ella todo es posible puesto que la vista deja de guiarnos y algo más sublime la sustituye. Es un instinto que proporciona al ser escondido tras las tinieblas más seguridad que la de sus propios ojos durante el día. Nos dejamos guiar por aquello que algunos llaman espíritu, otros instinto, y el resto divinidad humana.
Así caminaban. Guarecidos tras la penumbra. Sin mirarse. La distancia con los sentimientos que los habían acompañado durante los últimos años se medía ahora en kilómetros. Esperaban el momento que todos necesitamos a veces. Ese instante en que el pasado deja de ser relevante y podemos obviarlo, cuando el porvenir nunca llegará y lo único que ha existido siempre es el presente. Es entonces cuando el ser humano, con un simple gesto, se siente capaz de herir de muerte al destino.
Los pasos lentos y acompasados medían la distancia con el instante preciso que buscaban, deambulaban sabiendo que no se trataba de un número de peldaños, o de una distancia precisa, sino que hacían tiempo mientras esperaban a que las armas para combatir las cadenas de la vida se posasen en sus manos.
Sin embargo no siempre se alcanza ese lugar. En ocasiones el destino se resiste y no permite a los amantes encontrarse en un páramo diferente al que el mundo les regala. Pero otras veces los astros logran alinearse, el tiempo se para durante una fracción de segundo y, como dijo Neruda, al fin se puede decir con un beso todo lo que antes se había callado.
Nadie guarda tan celosamente nuestros secretos como lo hace la noche.
Así caminaban. Guarecidos tras la penumbra. Sin mirarse. La distancia con los sentimientos que los habían acompañado durante los últimos años se medía ahora en kilómetros. Esperaban el momento que todos necesitamos a veces. Ese instante en que el pasado deja de ser relevante y podemos obviarlo, cuando el porvenir nunca llegará y lo único que ha existido siempre es el presente. Es entonces cuando el ser humano, con un simple gesto, se siente capaz de herir de muerte al destino.
Los pasos lentos y acompasados medían la distancia con el instante preciso que buscaban, deambulaban sabiendo que no se trataba de un número de peldaños, o de una distancia precisa, sino que hacían tiempo mientras esperaban a que las armas para combatir las cadenas de la vida se posasen en sus manos.
Sin embargo no siempre se alcanza ese lugar. En ocasiones el destino se resiste y no permite a los amantes encontrarse en un páramo diferente al que el mundo les regala. Pero otras veces los astros logran alinearse, el tiempo se para durante una fracción de segundo y, como dijo Neruda, al fin se puede decir con un beso todo lo que antes se había callado.
Nadie guarda tan celosamente nuestros secretos como lo hace la noche.

5 comentarios:
que bonito... será el amor... o simplemente la nostalgia...
yo creo que cuando sale de noche se mete algo, no seas ingenua Anita... de todas formas que bien escribes Josefino, pásame un poquito de eso que te tomas a ver si me inspiro yo un poquito!
Grande jose muy grande pero... ¿que tal es Italia? mas que un cuaderno de bitacora parece el diario de un psicopata ¿ Ahora es cuando empezaras a percibir los sutiles aromas de mujer como en El perfume?
Un beso tontorron
Bueno, ¿te he dicho ya que el sábado te echamos muchísimo de de menos?
Aún así no creas que voy a entrar todos lo días en este sitio a dejarte comentarios. Pero sigue escribiendo
Musuak
Si te echamos de menos si, Estefan se sentia tan triste si tu colaboracion para tocarme las narices toda la noche, que se dio al alcohol.
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