jueves, 9 de octubre de 2008

Primeras conclusiones

Los astros me regalan un par de horas de tranquilidad y mi querida amiga, la soledad, vuelve a entretenerme con su compañía para conmemorar mi primera semana en tierras extranjeras. Llevo poco más de siete días fuera de casa y tengo la sensación de que conozco a la gente desde hace meses. Mi recién adquirida vivienda compartida pronto se me ha hecho familiar, sus muebles, su olor, su forma, incluso el casero se me antoja conocido.

Las conclusiones llegan en forma de evidencias que se presentan ante uno como el casero cuando viene a arreglar la lavadora, en chándal y camiseta de tirantes; es decir, tal y cómo son. Es Italia el país de las motos, de las scooter´s que invaden las calles con su presencia. Tan arraigado está las costumbre que no es raro verlos fumando o hablando por el móvil mientras conducen entre el algarabío de coches que luchan en las carreteras por llegar antes. Y es que el automóvil es otra de las cuestiones que ha llamado mi atención por su intrépido desprecio por la vida humana. No es raro ver coincidir semáforos en verde para peatones y para conductores al mismo tiempo, por lo tanto, y pese a la supuesta prioridad que concede el paso de peatones dibujado en el asfalto, uno debe cuidar por su vida en cada cruce de acera que efectúa. La velocidad con la que los observo conducir tampoco resulta un síntoma que despierte el optimismo en mi corazón.

Desde que estoy aquí, y pese a que Trieste no resulta un lugar muy grande, he oído las sirenas de por lo menos siete ambulancias. En principio lo achaco al azar, al que siempre ayudan las circunstancias a cumplirse, pero sospecho que el concepto de transporte privado en estas tierras guarda cierta relación con la constante invasión de las luces y bocinas de los vigilantes de la salud.

Los días son largos, eternos. Poco a poco voy creando la vida que quiero vivir en el extranjero a base de pequeñas acciones que se convertirán en costumbres con el tiempo. Es algo parecido a volver a nacer, a reencarnarse recordando la vida anterior que viviste conservando sólo lo aprendido, lo vivido y la añoranza de ciertas cosas y personas que tratas de sustituir pero que nunca logras reemplazar.

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