
Querida familia, amigos, conocidos, detractores, curiosos, atrevidos, amantes y demás. Os contaré cómo comenzó todo. Fue hace unos años, diez o así. Yo estaba sentado en el sofá de mi casa, tranquilamente, creo que veía la televisión, cuando mi hermano Charly interrumpió en el salón y me dijo: “Alguien me ha dicho que eres un tío listo”. Desde entonces sé que he estado un poco insoportable. Y creo que es hora ya de ir disculpándose y realizar un ejercicio auto cognitivo y crítico.
Supuso el comienzo de las bromas pesadas, las tomaduras de pelo, las argumentaciones rocambolescas que no perseguían nada más que desconcertaros y convertiros en objeto de risa, las frases de personajes históricos memorizadas para que perdierais el respecto de otras personas presentes, la contestación que siempre trata de quedar por encima de la precedida por el otro interlocutor, y el regusto amargo que os dejaba cada vez que imponía mi manía por articular la última palabra a modo de sentencia.
Sé que han sido años difíciles. Todos habéis puesto de vuestra parte para tolerarme lo mejor que podíais (que, debemos reconocer sinceramente, no ha sido precisamente mucho) con el esfuerzo que esto conlleva. Habéis sufrido el tener que soportarme, educarme y tolerarme. Por lo cual, a todos vosotros, personajes que algún día habéis compartido mi realidad, mi anodina realidad, si lo preferís, o caótica, desordenada, incluso, os lo concedo, absurda realidad, debo daros las gracias.
Pero no temáis, pues este año de Erasmus será la salvación de mi lado humano. Os prometo que todas las fiestas del mundo, el despilfarro más desenfrenado, el hedonismo más mezquino y el nihilismo más empírico, sazonado y batido con toda clase de bebidas y drogas, inventadas y por inventar, supondrán mi salvación, y de paso la vuestra. No más veces sin levantar la taza del wáter cada vez que acuda a la llamada de la naturaleza, no más cejas depiladas en el transcurso del sueño, jamás volveré a dar uso ilegítimo a los cepillos de dientes de otras personas, no más comentarios jocosos, nunca más volveré a reírme de vosotros sin que intervengáis en la risa, y sobre todo, no jugaré más a la “última palabra”.
Este año es mi salvación. Me toca madurar por fin. No sé si eso es bueno o malo, si significará algo o tan sólo supone otro paso más en la vida, uno de esos difíciles, para los que nos resistimos a superar el síndrome de “Peter Pan”. Pero lo que sí sé es que vuestra alma (los que la tengáis) seguro que me lo agradecerá. No me deis las gracias. Haced alguna buena acción para pagármelo. ;-)
Recuerdos a todos.
*yo*
Supuso el comienzo de las bromas pesadas, las tomaduras de pelo, las argumentaciones rocambolescas que no perseguían nada más que desconcertaros y convertiros en objeto de risa, las frases de personajes históricos memorizadas para que perdierais el respecto de otras personas presentes, la contestación que siempre trata de quedar por encima de la precedida por el otro interlocutor, y el regusto amargo que os dejaba cada vez que imponía mi manía por articular la última palabra a modo de sentencia.
Sé que han sido años difíciles. Todos habéis puesto de vuestra parte para tolerarme lo mejor que podíais (que, debemos reconocer sinceramente, no ha sido precisamente mucho) con el esfuerzo que esto conlleva. Habéis sufrido el tener que soportarme, educarme y tolerarme. Por lo cual, a todos vosotros, personajes que algún día habéis compartido mi realidad, mi anodina realidad, si lo preferís, o caótica, desordenada, incluso, os lo concedo, absurda realidad, debo daros las gracias.
Pero no temáis, pues este año de Erasmus será la salvación de mi lado humano. Os prometo que todas las fiestas del mundo, el despilfarro más desenfrenado, el hedonismo más mezquino y el nihilismo más empírico, sazonado y batido con toda clase de bebidas y drogas, inventadas y por inventar, supondrán mi salvación, y de paso la vuestra. No más veces sin levantar la taza del wáter cada vez que acuda a la llamada de la naturaleza, no más cejas depiladas en el transcurso del sueño, jamás volveré a dar uso ilegítimo a los cepillos de dientes de otras personas, no más comentarios jocosos, nunca más volveré a reírme de vosotros sin que intervengáis en la risa, y sobre todo, no jugaré más a la “última palabra”.
Este año es mi salvación. Me toca madurar por fin. No sé si eso es bueno o malo, si significará algo o tan sólo supone otro paso más en la vida, uno de esos difíciles, para los que nos resistimos a superar el síndrome de “Peter Pan”. Pero lo que sí sé es que vuestra alma (los que la tengáis) seguro que me lo agradecerá. No me deis las gracias. Haced alguna buena acción para pagármelo. ;-)
Recuerdos a todos.
*yo*

2 comentarios:
HOLA GUAPO, EN CUENTO LLEGUES, LO PRIMERO, LO PRIMERO... TE METO UN BOFETON PARA QUE BAJES A LA TIERRA Y DESPUES YA HABLAREMOS. SI TE DIGO YO QUE TE PEGUE POCO DE PEQUEÑO!!!!
Conmovedor arranque de sinceridad. Verdaderamente te honra tu franqueza y no precisamente por el asunto de la madurez (sin duda alguna un invento de los psicólogos) sino porque de tus palabras se desprende sentido arrepentimiento por ser el típico tocapelotas al que todo el mundo desearía arrancar la cabeza en más de cuarenta situaciones pero al que no se puede agredir porque en el fondo se le aprecia. Tú lo sabes (todos los que así somos lo sabemos), eres consciente de que en ocasiones eres insufrible y con eso se juega, con el ingenio, las bromas pesadas, los comentarios a destiempo, el afán de ganar cualquier batalla dialéctica y/o intelectual... todo envuelto en una cierta ternura y a veces compasión de los demás. No cambies Bidea, no cambies, que ya quedamos pocos de los de verdad.
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