
Otra noche en vela. Sospecho que mis costumbres, pese a no ser muy libertinas, ni siquiera responden al término inventado de “jolgóricas”, me impiden conciliar el sueño a la hora que preciso para poder madrugar el día siguiente. El colchón supongo que tampoco ayuda.
Otra vuelta en la cama. Ya he probado un par de veces el lado izquierdo y no hay forma. Los muelles se me clavan y no entiendo por qué. El día que me mudé, yo y mi compañero de piso esperamos a que todos saliesen de casa para cambiar los colchones y quedarnos los más cómodos. Luego yo le hice una marca al mío para no convertir la convivencia en un círculo vicioso, y así poseer una llave que fuese capaz de parar la vorágine en potencia que corría el riesgo de estar comenzando. Pero el maldito colchón sigue siendo demasiado protagonista de mis noches de insomnio. Es blando, incómodo, su movimiento suscita en mí la idea de que quizás tenga vida propia, o al menos consciencia…no sé si se puede tener uno sin tener el otro…no obstante, ahora no es momento.
Desde el salón me llegan sonidos de música. Mis compañeros de piso están bebiendo cervezas y “pinchando temas” en you tube. Ahora le toca a Laura Pausini, quien hace el relevo de Nec, ¿se llamaba así el que cantaba la canción esa de “Laura no está, Laura se fue”? Quizás eso explique porque no duermo. ¿Quién podría dormir tranquilo bajo el mismo techo que esta gente? Supongo que sólo trato de legitimar el cambio de colchones.
Me ahogo en mis pensamientos con la esperanza de que la banalidad de los mismos me ayude a conciliar el ansiado sueño que no llega. Por algún extraño camino llego a acordarme de “El retrato de Dorian Gray”, un buen libro, pero no recuerdo el nombre de su autor ¿Por qué sólo me sale el nombre de George Orwell? Era parecido, pero no logro recordarlo. Veamos si apoyado en el lado derecho. No. Tampoco me ayuda a recordar. De pronto me ha venido a la cabeza el nombre de Charles Dickens y la sensación de encontrarme aun más desencaminado ¿Cómo se llamaba?
Pruebo apoyando la espalda, el pecho, enciendo la luz y trato de buscar alguna pista en el libro de italiano que yace sobre mi mesilla: “Teoría y técnica de la publicidad” (lógicamente he traducido el título). Nada no hay manera.
Decido levantarme. Voy hasta el salón. Abro la puerta y una nube de humo me recibe con una alegría ebria. Lanzo la pregunta al aire antes de que alguien utilice el típico “Jose” sorprendido, ya que no deseo dar explicaciones, sólo saber cómo se llamaba ese tío del que decían era gay pero él lo negaba.
“Oye. ¿Alguien recuerda cómo se llamaba el tío que escribió El Retrato de Dorian Gray?” Inevitable. Oigo un “Jose”. Lo interpreto como un “ni idea” y les pido amablemente que lo miren en Internet. Doy educadamente las gracias y me vuelvo a la cama. Espero dormir mejor ahora que he solucionado la cuestión del autor que ocupaba mi mente y cuyo nombre no recordaba. Guardo un buen recuerdo de esa obra, pero no sé si como para quitarme el sueño. Sin embargo no funciona. Sigo sin poder dormir.
Media hora después vuelvo a levantarme. Regreso al salón y empiezo a escribir esto. Noto como las valerianas que he tomado antes de alcanzar el salón en mi último viaje no hacen ningún efecto, y ya estoy terminando de escribir. Empiezo a preocuparme ¿Y si he perdido la capacidad de dormir?
Oigo otro “Jose” y siento que es el detonante que esperaba para irme de una vez por todas a la cama. De todos modos, es muy difícil escribir cuando la gente a tu alrededor esta bebiendo, fumando, riendo y oyendo música. Espero que sea una cuestión de insistir.


