viernes, 15 de mayo de 2009

Pasando el tiempo



No sé si por falta de temas o de tiempo últimamente tengo un poco olvidado el blog. No pretendo excusarme, pero ando un poco atareado últimamente. Son disculpas. Quizás lanzadas al vacío, pero a fin de cuentas cumplen su cometido y dicen lo que no dicen, pero diciéndolo.

Las cosas que más tiempo me quitan últimamente son los robos en boutiques situadas a las afueras de la ciudad, de esas en la que el bajo riesgo está a la altura del escaso botín y en los que suele ser innecesario pegar un solo tiro, dormir en la calle, o los atracos a plena luz del día de señoras mayores que salen justamente del supermercado, siempre desprevenidas, siempre con su paso lento y su mirada estancada al frente con una ligera inclinación hacia abajo a causa de sus maltrechas espaldas.

No gano mucho la verdad. Lo justo para mis vicios, comer todos los días y poder conectarme a foros de mujeres que enseñan su cuerpo por Internet a cambio de un par de euros. No me junto con la flor y la nata del ciberespacio, pero al menos me relaciono con alguien. También aprovecho, como no, para escribir este blog siempre que tengo oportunidad.

Un amigo se ha hecho “filoneista” (la palabra es italiana, no sé si tendrá traducción al español pero se me acaba el tiempo en el ciber y no puedo perderlo buscándolo). No creáis que se trata de una de esas nuevas religiones que existen por ahí, de esas que todos promulgan, difunden y de las cuales hacen proselitismo sin saber si quiera lo que son, como el hedonismo, el nihilismo, el propagandismo o el comunismo, no, no. Esta es una de esas personales. Es decir, de las que gustan porque haces lo que te sale de los huevos.

Se trata de un amor incondicional y desmedido a las novedades. Así que mi compañero ha empezado a invertir todo lo que sacamos con nuestros trabajillos en cosas chulas y a la última. Yo le digo que para que necesita tener su casa como el Halcón Milenario si luego no tiene que llevarse a la boca y esta ya más chupado que el emperador en el último capítulo de la Saga, pero ni con esas logro convencerle. Dice que no puede remediarlo. Que comer es algo que "ya está muy visto" y que prefiere aparatos nuevos, brillantes, con "ruidos y cosas molonas en los costados". Yo para ser sincero no entiendo muy bien de que se trata todo esto, pero el otro día me pareció que colmó la taza del mal gusto comprando un exprimidor de naranjas que te daba los buenos días y tenía un espejo en el que mirarte en vez de naranjas para desayunar.

Nunca terminé de entender muy bien aquella fuerza irresistible que empujo a mi querido amigo hasta la muerte, pues hace unos días, la inanición alcanzo un punto crítico, y cuando llegaron las ambulancias fue ya demasiado tarde. Pero como sus padres decidieron no quedarse las porquerías que almacenaba en su casa, ni siquiera aceptaron ir al funeral porque mi amigo lo había organizado cuando aun se encontraba entre nosotros y, claro, el ambiente digamos que era demasiado histriónico para aquella pareja de pueblo, no me ha quedado más remedio que llevarme yo todas sus cosas. Ahora mismo me siento en mi habitación. Pienso en si habrá más gente como mi amigo en el mundo. Quizás podría venderles toda esta basura a ellos y sacar tajada del asunto, pero tendré que darme prisa antes de que se vuelvan obsoletas.

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