
Risueño, contento, alegre, hoy Trieste me muestra su cara más sonriente y no puedo por más que devolverle la sonrisa. Ha llegado el buen tiempo. Atrás quedaron cuatro meses de frío, lluvias, viento huracanado y pocas ganas de salir a pasear. Sin embargo, a día de hoy, el sol inunda este pequeño pueblo de la costa italiana. Sus calles se llenan de gente que pasea, los bares engalanan las plazas y paseos con sus mejores terrazas, los puestos artesanales parecen encontrarse una semana aquí y la otra allí.
Trieste se ha adaptado a la primavera y los colores le sientan bien.
Este signo no pasa desapercibido y me doy cuenta de que mi estancia en este lugar es limitada, y tiene una fecha concreta. El tiempo pasa y poco a poco el final de este viaje se acerca. Sé que aun me deparan sorpresas por descubrir, incluso me atrevería a decir que estos tres escasos meses que me restan prometen ser los mejores de todo la experiencia Erasmus. No puedo evitar pensarlo sin que se me dibuje una sonrisa en la cara…aunque me pregunto si ya estaba allí antes.
Pienso en lo diferente que son las cosas con respecto a lo que imaginaba o esperaba antes de venir, en lo mucho que han cambiado en el trascurso de los meses, y no puedo, por más que trate de evitarlo, sentirme agradablemente impresionado. Aun quedan exámenes por hacer, sitios a los que ir, tareas que culminar, pero mi principal preocupación no dejará de ser la de comprar alcohol antes de que cierren los supermercados. Lo cual no deja de producirme una agradable sensación de libertad y tranquilidad.
Me encanta que comience la semana preguntándome que día toca jugar partido de fútbol, a qué hora y donde, sobre todo ahora que no hace frío y no tienes que soportar tras el partido que te duelan las manos al contacto con el agua caliente de la ducha. Preguntarme cuando aprenderé la próxima palabra en italiano o si conoceré a alguien de una nacionalidad diferente algún día de la semana.
Me encanta saber que aun tengo una partida de ajedrez pendiente con Luis desde que la primera semana de estancia, movido por la ilusión y el desconocimiento, compre un pequeño tablero y perdí frente a él con una variante del mate pastor (esa primera jugada que aprendía todo el mundo nada más empezar a jugar) La misma jugada, hace doce años, me sirvió a mí para pasar de ronda en un torneo. Aun con todo he hecho esperar mi revancha demasiado tiempo como para que pueda tener el valor que me hubiese gustado darle.
Aun con todos los recuerdos que atesoro, sabiendo lo que falta aun por ocurrir, no puedo más que sentir cierta lástima cuando pienso que todo esto está llegando a su fin, pero curiosamente, ni este pensamiento logra desterrar de mi boca la estúpida sonrisa que hoy lleva dibujada.
Trieste se ha adaptado a la primavera y los colores le sientan bien.
Este signo no pasa desapercibido y me doy cuenta de que mi estancia en este lugar es limitada, y tiene una fecha concreta. El tiempo pasa y poco a poco el final de este viaje se acerca. Sé que aun me deparan sorpresas por descubrir, incluso me atrevería a decir que estos tres escasos meses que me restan prometen ser los mejores de todo la experiencia Erasmus. No puedo evitar pensarlo sin que se me dibuje una sonrisa en la cara…aunque me pregunto si ya estaba allí antes.
Pienso en lo diferente que son las cosas con respecto a lo que imaginaba o esperaba antes de venir, en lo mucho que han cambiado en el trascurso de los meses, y no puedo, por más que trate de evitarlo, sentirme agradablemente impresionado. Aun quedan exámenes por hacer, sitios a los que ir, tareas que culminar, pero mi principal preocupación no dejará de ser la de comprar alcohol antes de que cierren los supermercados. Lo cual no deja de producirme una agradable sensación de libertad y tranquilidad.
Me encanta que comience la semana preguntándome que día toca jugar partido de fútbol, a qué hora y donde, sobre todo ahora que no hace frío y no tienes que soportar tras el partido que te duelan las manos al contacto con el agua caliente de la ducha. Preguntarme cuando aprenderé la próxima palabra en italiano o si conoceré a alguien de una nacionalidad diferente algún día de la semana.
Me encanta saber que aun tengo una partida de ajedrez pendiente con Luis desde que la primera semana de estancia, movido por la ilusión y el desconocimiento, compre un pequeño tablero y perdí frente a él con una variante del mate pastor (esa primera jugada que aprendía todo el mundo nada más empezar a jugar) La misma jugada, hace doce años, me sirvió a mí para pasar de ronda en un torneo. Aun con todo he hecho esperar mi revancha demasiado tiempo como para que pueda tener el valor que me hubiese gustado darle.
Aun con todos los recuerdos que atesoro, sabiendo lo que falta aun por ocurrir, no puedo más que sentir cierta lástima cuando pienso que todo esto está llegando a su fin, pero curiosamente, ni este pensamiento logra desterrar de mi boca la estúpida sonrisa que hoy lleva dibujada.

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